Acciones de apoyo a Ucrania

Un torneo bajo el lema de la paz y la convivencia

El sábado 13 de junio de 2026 se celebró en Differdange un torneo de fútbol sala por la paz, en el campo al aire libre de la Escuela Internacional de Differdange y Esch-sur-Alzette (EIDE). A lo largo de la jornada participaron una buena decena de equipos, en un espíritu de encuentro, respeto y convivencia.

Por invitación de Sandro Sandini, cooperador pastoral comprometido con la Pastoral Social, Ad Pacem pudo montar un stand durante el torneo. Este estuvo a cargo de Natalya Pantaleoni, vicepresidenta de la asociación, y Christian Welter, tesorero.

El torneo ofreció un marco especialmente propicio para el diálogo. Entre partido y partido, numerosos jóvenes y visitantes se detuvieron en el stand para charlar con nosotros. En particular, presentamos el calendario Ad Pacem 2026, que ilustra de forma concreta la labor de sensibilización y solidaridad que lleva a cabo nuestra asociación. También llamamos la atención sobre la suerte de las víctimas civiles ucranianas capturadas por las fuerzas rusas, una realidad a menudo desconocida, pero que ocupa un lugar central en nuestro compromiso actual.

Varios jóvenes participantes aceptaron escribir unas palabras de esperanza dirigidas a estas víctimas. Estos mensajes se traducirán y se enviarán para que las personas marcadas por el cautiverio, la violencia y el exilio puedan recibir una muestra de apoyo procedente de Luxemburgo. Este gesto sencillo, pero profundamente humano, ha dado una dimensión muy concreta al tema de la convivencia: dedicar tiempo a pensar en quienes sufren, dirigirles una palabra fraternal y recordarles que no están olvidados.

También propusimos un juego de la oca sobre el tema de la paz, que permitió abordar de forma sencilla y lúdica cuestiones como el respeto, la ayuda mutua, el diálogo y la no violencia.

La jornada también estuvo marcada por la visita de Patrick Muller, vicario general de la archidiócesis de Luxemburgo. Con motivo de la festividad de San Antonio, procedió a la bendición de los panes, que posteriormente se repartieron entre todos los presentes.

Al final del torneo, cada participante recibió una medalla para recordar que lo esencial estaba en otra parte: en la participación, el respeto mutuo, el espíritu de equipo y la voluntad de hacer de esta jornada un símbolo de paz.

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